Ambiente y ordenamiento territorial

La política agraria como política social

Este artículo está referido a la problemática en torno a las políticas agrarias, partiendo de las transformaciones del sector en las dos últimas décadas. Se trata de una propuesta dirigida a generar políticas que no tengan como único fin la viabilidad económica, sino también una finalidad social de la producción, que no considere al productor como punto de partida sino a una comunidad.

Publicada el 05 DE MAYO 2014

Es decir que esta investigación se plantea como objetivos aportar una visión de las políticas agrícolas no centrada en el productor sino en la comunidad. Y se propone además generar políticas dirigidas a plantear la producción desde una perspectiva social y no puramente económica.

Una aproximación al problema

Las transformaciones sufridas por el sector agrícola en las dos últimas décadas producto de la desregulación de la economía y de la apertura comercial modificaron profundamente las bases establecidas durante el modelo previo.

En este sentido nos referimos al paso de una producción agrícola basada en el trabajo familiar hacia otra muy tecnificada que permite reducir en gran medida la necesidad de trabajadores permanentes. El siguiente análisis lo realizaremos a partir de la vitivinicultura por ser el cultivo predominante en la provincia, compartiendo características similares con las demás producciones agrícolas.

El modelo de agricultura previo estaba caracterizado por la coexistencia de la pequeña explotación campesina con la mediana y gran empresa (Sabalain y Reborati, 1980). Pero que a su vez compartían técnicas de producción similares. Esto es así producto de las características ecológicas de la provincia que obligaban a producir únicamente sobre superficies que requerían una constante labor del hombre, sobre todo para el riego que era la base del trabajo permanente.

Es decir que, tanto para las pequeñas explotaciones como para las grandes explotaciones que pertenecían a las empresas, la producción estaba centrada en el trabajo familiar. Para este último caso, por lo general las empresas disponían de cientos de contratistas que trabajaban la tierra familiarmente y bajo técnicas muy rudimentarias.

Debido a esto último decimos que por lo general los que trabajaban directamente la tierra en la provincia eran en su mayoría campesinos, tanto si poseían la propiedad de la tierra o la trabajaban bajo alguna otra forma de contrato. Siguiendo al definición de Murmis “las explotaciones campesinas son aquellas operadas fundamentalmente por familias y que casi no han logrado capitalizarse, afectadas muchas veces por dificultades para reproducirse” (Murmis, 1994).

La apertura y desregulación de la economía trajeron consigo una reorientación de la producción hacia el mercado externo. A su vez se impulsó una reconversión de la vitivinicultura hacia variedades “finas” (Richard-Jorba, 2008), como así también hacia otros cultivos con el fin de reducir la oferta. Esta reconversión hacia variedades finas estuvo encabezada por empresas de capitales extranjeros y nacionales que hicieron grandes inversiones tanto en tierras como en modernas técnicas de producción.

Entre las técnicas de producción se destaca en importancia la referida a la automatización del riego, lo cual posibilitó la eliminación del riego basado en el trabajo del hombre, y con ello la principal necesidad de trabajo permanente en las explotaciones. Esto se sumó a la mecanización propia del tractor, el uso de agroquímicos, etc. factores todos que redujeron la cantidad de horas/hombre necesarias. (Lara Flores, 1998)

Con ello las empresas pudieron eliminar la mayoría de sus trabajadores permanentes, como lo demuestra la casi total desaparición de contratistas (1), y al mismo tiempo desarrollaron estrategias de empleo (Fabio, 2006) que buscaban reducir al mínimo la contratación de personal, organizando las tareas para poderlas llevar a cabo en cortos periodos de tiempo con personal temporario.

Por otro lado esta reconversión también afectó a la pequeña explotación ya que la competencia de la moderna agricultura capitalista a la que debía enfrentarse aumentó fuertemente, sobre todo en términos de las ventajas en cuanto a producción a escala y disponibilidad de capital. Además debía competir por el uso de la tierra con el sector inmobiliario para los casos cercanos a las ciudades (Marx, 1894). En consecuencia una gran proporción de estas pequeñas explotaciones desaparecieron ante el avance de las ciudades o fueron abandonadas. Esta situación acompañada de las inversiones en grandes explotaciones en tierras no cultivadas anteriormente queda claramente reflejada en el aumento del promedio de tamaño de las explotaciones entre cada periodo intercensal.

Es decir que la agricultura ha dejado de ser un medio de vida y una fuente de trabajo para miles de familias que anteriormente estaban insertas bajo el modelo previo.         

Políticas predominantes sobre el sector

Frente a esta situación, las diferentes políticas dirigidas a las pequeñas explotaciones han estado centradas en su inserción en las cadenas productivas o en lograr que se conviertan en “empresas” capitalistas exitosas.

Por ejemplo, el caso del PEVI 2020 (Plan Estratégico Vitivinícola) alentado desde el Estado y la Corporación Vitivinícola Argentina (COVIAR) que promueve la asociación de los productores pequeños con las grandes y medianas empresas vitivinícolas. De esta forma los productores pequeños se aseguran poder vender su producción pero subordinados a lo que la empresa les demanda en cuanto a su producto, además le deja al productor un margen mucho menor de maniobra al momento de su venta. En definitiva como lo define Teubal (1999) se trata de una integración vertical de los pequeños productores.

O tomando el segundo caso, que busca convertir a la pequeña explotación en una empresa capitalista, podemos citar el caso del FONAF (Foro Nacional de Agricultura Familiar) constituido por organizaciones sociales y apoyado por el Estado Nacional (Ferrer, 2013) que tienen como objetivo la capitalización de los sectores que ellos engloban en agricultura familiar (que podrían resumirse en aquellos que trabajan y tienen a su cargo pequeñas parcelas). Como objetivos a alcanzar plantean que el productor llegue a vivir con todos los servicios necesarios y poder sostener a su familia además de que sus hijos accedan inclusive a una formación universitaria. Es decir que la meta es que ese productor campesino y su familia logren una considerable capitalización para pasar a ser pequeños empresarios (Ferrer, 2013).

Podemos decir entonces que las políticas dirigidas hacia estos sectores que caracterizamos como economías campesinas han tenido como objetivo lograr una reconversión y  capitalización que les permita acomodarse en algún sector del mercado y competir en él. Pero en ello no se cuenta la innumerable cantidad de familias que no lo han logrado y han sido expulsadas de la actividad.

Este enfoque individual de las políticas públicas claramente no consigue superar las dificultades intrínsecas que tiene la agricultura campesina cuando se enfrenta a la producción capitalista, sobre todo por lo que significa las ventajas que conlleva la producción a escala y el acceso al capital.

Es decir que estas políticas no tienen un enfoque social, sino puramente económico orientado hacia aquellos productores que logran de manera individual insertarse en condiciones al mercado. Siendo para la gran mayoría un logro difícil de alcanzar, lo cual no les deja otra alternativa que subsistir o abandonar la actividad y convertirse en asalariados.

Políticas para el agro con un fin social

Con “enfoque social” queremos decir que no se busca únicamente el fin económico, sino que éste sea un medio de vida y de empleo para los trabajadores y sus familias que les permita vivir dignamente independiente de las ganancias que pueda arrojar la actividad. Pero, para que una política para el sector agrícola de este tipo pueda lograr un mínimo de posibilidades en los marcos de la competencia capitalista debe necesariamente tener en cuenta las dificultades que acarrea la economía campesina, para no basarla en el voluntarismo, el sacrificio o incluso el azar de quienes la llevan adelante. Es decir, es necesario que posean un mínimo de producción a escala con el cual hacer frente a la agricultura capitalista, como así también el acceso a ciertos medios de producción indispensables que alivien el esfuerzo humano y les otorgue una mayor productividad.

Todos estos aspectos no pueden plantearse en una política que va dirigida a productores en particular, sino que han de plantearse a un conjunto de personas que puedan organizar la producción más allá de la obtención de una ganancia, sino como un modo de lograr su sustento y el de sus familias.

En este punto es la figura de una cooperativa la que podría hacerse cargo, claro está respetando los principios de la economía social y por lo tanto teniendo como objetivo proporcionar un medio de vida digno para sus asociados.

Por otro lado, los diversos proyectos de expropiación que se vienen impulsando como por ejemplo los de tierras que poseen deudas fiscales, o cualquier otra iniciativa de expropiación que se considere de utilidad social, pueden ser tenidos en cuenta en el desarrollo de este tipo de políticas para asegurar que se les otorgue una superficie mínima en la que se pueda llevar a cabo una producción a escala, con las ventajas que ello implica en los costos de producción.

Además es importante contemplar la cuestión de la propiedad, en el sentido que no se otorgue a un particular ni a una asociación. Es decir alguna forma que no coloque a la tierra en el mercado, sino que sea una propiedad comunitaria (como es el caso de las tierras asignadas a los pueblos originarios) que no puede ser vendida y asignada a la cooperativa que la trabaja.

De la misma manera se debe proporcionar acceso a un mínimo de medios de producción que garanticen su funcionamiento, en este sentido existe el antecedente de la Dirección de Agricultura Familiar de la Provincia de Mendoza que impulsa la creación de parques comunitarios de herramientas, como por ejemplo tractores (Ferrer, 2013).

Como vemos no se trata de una propuesta que parte cero, sino que ya existen antecedentes que efectivamente se han realizado. En este caso se trata de unificar una serie de propuestas para poder dar un contenido social a las políticas públicas destinadas al agro.

Bibliografía

-Fabio, J. (2006) El trabajo estacional en la agricultura. Tipos de trabajadores y estrategias laborales en la provincia de Mendoza. VII Congreso Latinoamericano de Sociología Rural (ALASRU). Ecuador.

-Ferrer, C. (2013) Agricultura Familiar en Cuyo: debates y enfoques en torno a las políticas actuales de desarrollo rural. 1eras Jornadas de Sociología. Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. Universidad Nacional de Cuyo. Mendoza.

-Lara Flores, S. (1998) Nuevas experiencias productivas y nuevas formas de organización flexible del trabajo en la agricultura mexicana. Juan Pablo Editor. Procuraduría Agraria. México.

-Marx, K. (1894) El Capital, tomo III. El proceso global de la producción capitalista. Disponible en: http://www.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/. Citado el 15 de marzo del 2012.

-Murmis, M. (1994) Incluidos y excluidos en la reestructuración del agro Latinoamericano. Debate Agrario N°18. CEPES. Lima.

-Reboratti, C; Sabalain, C. (1980) Vendimia, zafra y alzada: migraciones estacionales en Argentina. Cuaderno del CENEP N°15, Buenos Aires. 

-Richard-Jorba, R. (2008) Crisis y transformaciones recientes en la región vitivinícola argentina. Mendoza y San Juan, 1970-2005”. Estudios Sociales. Enero-Junio Año/Vol. XVI, Número 031. Universidad de Sonora. México.

-Teubal, M. (1999) Complejos y sistemas agroalimentarios: Aspectos teórico-metodológico. En: Giarraca, N. Estudios rurales: teorías, problemas y estrategias metodológicas. La Colmena. Buenos Aires.

Notas

(1) De trabajar el 41,8 % de la superficie cultivada con vid en 1968, prácticamente han desaparecido en la actualidad

 

Fuente fotografía: Edición UNCUYO

 

 

 

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La política agraria como política social

Investigadores responsables

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Cómo citar este artículo

Carballo, Oscar; Fili, Juan Pablo (05 de mayo 2014) "La política agraria como política social".
Publicado en la Plataforma de información para políticas públicas de la Universidad Nacional de Cuyo.
URL del artículo http://www.politicaspublicas.uncu.edu.ar/articulos/index/politica-agraria-como-politica-social
Fecha de consulta: 27/01/2020

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