ENTREVISTAS // Desarrollo humano y cultura

“La transformación de la situación de las mujeres también tiene que ser un objetivo intrínseco de las políticas públicas”

Afirmó Claudia Anzorena, autora del libro “Las mujeres en la trama del Estado”.

Publicada el 02 DE DICIEMBRE 2013

Claudia Anzorena se graduó como licenciada en Sociología en 2002 en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNCuyo. Es investigadora del Conicet, donde indaga sobre la relación entre mujeres, Estado y ciudadanía en las políticas públicas.

Claudia es especialista en género y políticas públicas (2004, PRIGEPP, FLACSO). En 2004, obtuvo una beca doctoral del Conicet, gracias a la cual alcanzó los grados académicos de magíster en Política y Gestión de la Educación (2008, UNLuján) y doctora en Ciencias Sociales (2009, Facultad de Ciencias Sociales, UBA). Desde el año 2000, ha participado en diferentes proyectos de investigación mayormente dirigidos por la Dra. Alejandra Ciriza y ha publicado artículos en revistas científicas nacionales e internacionales, capítulos de libros y artículos de difusión, así como se ha concentrado en los procesos que influyen en la configuración de la relación entre intervención estatal y mujeres/género/feminismos.

Actualmente forma parte del Grupo de Trabajo Experiencia Política, Género y Memoria (Incihusa-Conicet) que funciona en el CCT-Mendoza (ExCricyt), donde se aborda la temática desde diferentes disciplinas; y del Consejo Asesor del IDEGEM, Instituto de estudios de género y de las mujeres que se encuentra actualmente en proceso de adecuación reglamentaria en la UNCuyo.

-    Esta publicación es fruto de una investigación que vienen realizando sobre el vínculo entre mujeres y Estado, ¿podría especificar cuáles son los objetivos de la misma?

El tema fue ver cómo se piensan desde el Estado las políticas cuyas destinatarias son mujeres. Porque en la Argentina, a partir de 1985 con la restauración democrática y una serie de procesos que habían ocurrido a nivel internacional, las mujeres ingresan en el Estado, no solamente como objeto de políticas públicas sino también como sujetos y hacedoras de políticas públicas. Se dan una serie de avances y de leyes que hacen que el Estado las entienda como sujetos de derecho, y se crean organismos encargados de atender el problema de la discriminación contra las mujeres: esto que se da a nivel nacional en 1985 y en Mendoza en el 88’.

Pero también hay otra cuestión que tiene que ver con la aplicación del modelo neoliberal. En los 90, la reestructuración del Estado que produjo el modelo neoliberal hace que las mujeres sigan siendo foco de las políticas públicas pero en este caso, en políticas de asistencia de la pobreza. Ya no se busca tanto garantizar sus derechos como ciudadanas sino atender ciertas situaciones que tienen que ver con la exclusión o problemas relacionados con la clase social o la cuestión económica social.

Lo que observaba era esto, al menos este es el recorte que yo hago: 1988 - 2008. Tomo el momento del 85’, como ese momento de ampliación democrática, donde se reconoce a las mujeres como ciudadanas con derechos que deben ser garantizados. No es que las mujeres no hayamos tenido previamente relación con el Estado, pero en este momento esa relación se configura en el contexto especial ascendente, que en los ’90 queda clausurado en el contexto del ajuste estructural y la reforma neoliberal del Estado. Lo que quería analizar es esta cuestión paradójica de las mujeres que quedaban ubicadas tanto como destinatarias de políticas de reconocimiento de los derechos pero también eran las principales administradoras de las políticas de atención de la pobreza y de la exclusión. Esto tiene que ver con cómo se va tejiendo esta relación entre las mujeres y el Estado, cómo el Estado las va asumiendo y las va viendo, en qué roles.

Esta investigación empezó en el año 2000, cuando comencé a hacer un seguimiento histórico del Área Mujer en la provincia de Mendoza y un análisis del Primer Plan de Jefas de Hogar, un plan piloto que daba educación a cambio de terminalidad escolar.

Entonces, lo que trato de hacer es ver cómo son tratadas, cómo están vistas las mujeres en estas políticas. Como es por un lado, en el seguimiento histórico, este espacio creado para defender sus derechos, qué va pasando con este espacio, que empieza como un área muy amplia, con una visión amplia de lo que son los derechos de las mujeres (no sólo tomaban el tema de la violencia sino también otras problemáticas como empleo, salud).

Creo que esto tiene que ver con todas las políticas, la forma en que se signifique al destinatario de esa política pública. Junto con esto hay que ver la estructura del Estado, desde el momento en que se piensan las políticas hasta que se concretan, donde pasan un montón de personas y estructuras

Esto después se va reduciendo, se dan transformaciones en las formas en que entendían a las mujeres en estas áreas y cuáles eran sus objetivos. Porque estas áreas se crean a partir de Nairobi, donde parte de los movimientos de mujeres y feministas habían participado, entendían a las mujeres como sujetos de derechos, como ciudadanas y lo que buscaban era el “adelanto de las mujeres”, “reducir la discriminación”, “la igualdad”,. Y esto se pensaba a partir de las políticas públicas, que tenían que coadyuvar a este proceso. Pero con el paso del tiempo estas concepciones y objetivos se fueron modificando, hasta llegar un punto en que se centran casi exclusivamente en el tema de la violencia de mujeres en situación de vulnerabilidad. Yo analizo precisamente este proceso de transformación del “área mujer” en Mendoza que tomó varias formas: asesoría, instituto, consejo, dirección.

En cuanto al Plan Jefas, lo que tiene de original es el ingreso de la Educación, que produce procesos de reflexión y de construcción de autonomía, que rompen un poco con las lógicas heteronómicas de las políticas sociales, condicionadas, paliativas, selectivas heredadas de los años ‘90. El Plan Jefas atravesó coyunturas convulsionadas desde su inicio en el año 2000, cuando fue diseñado e implementado por Aldo Isuani secretario de Acción Social de De la Rúa. Cuando cae De La Rúa, querían terminar el plan; pero son la/os mismas/os docentes y las mismas alumnas las que impidieron que les quitaran la posibilidad de ir a las escuelas. Después es absorbido por el Plan Jefas y Jefes de Hogar Desocupadas primero, y por el Programa Familias después. Se da un proceso histórico donde observo cómo se van dando las políticas en acto, estas cosas que van ocurriendo en el marco de estas transformaciones en las coyunturas políticas. Creo que ahí está la originalidad de la perspectiva porque analizo la política en acto, en lo que va ocurriendo. Tomo un autor que se llama Francisco Beltrán Llevador, y su visión de las organizaciones como procesos organizacionales con conflictos, donde se planifica algo y cuando se pone en acto aparecen muchos efectos que no pueden ser pensados con anticipación. Los procesos dan lugar a muchos efectos, algunos pueden ser pensados y otros, la mayoría, no. Uno de los efectos no pensando fue cómo las mujeres, que eran alumnas y beneficiarias a la vez, se apropiaron del plan y empezaron a apropiarse de sus derechos, con lo que podemos ver cómo los sujetos no somos pasivos, sino que las personas se apoderan de las herramientas a las que acceden.

Lo que hago es recoger y analizar estos dos procesos articulados. Cómo las mujeres ingresan como ciudadanas, y después en el proceso se van convirtiendo en administradoras y en viabilizadoras de los derechos de otros/as, principalmente los/as niños/as. También algo que veía es que el Estado cuando piensa las políticas para las mujeres, no las piensa como ciudadanas con derechos para promover la autonomía, sino que las ve como vulnerables, como víctimas. Por ejemplo, el Área Mujer se termina reduciendo a la atención de casos de violencia, como si fuera el único problema, y fragmentado de todo lo social y no como una forma de atender los derechos y promover la autonomía.

- ¿Qué importancia tiene para Usted esta participación de las mujeres en políticas públicas?

Creo que en la relación entre mujeres y Estado hay un cambio en lo que el Estado atiende. Había asuntos del espacio privado, donde el Estado no se inmiscuía. Al no meterse en el espacio privado, lo que hacía es ser cómplice o autorizar el abuso de poder patriarcal al interior de las familias. Se veía a la familia como una unidad armoniosa, sin conflicto y se veía todos los actos de violencia como algo disfuncional, e inclusive algunas cosas se veían normales. Pero, cuando las mujeres instalan en el espacio público, a través de sus movimientos, la idea de que ellas son sujetos de derechos, que la violencia no es una costumbre sino que es un delito, cuando ganan el derecho a decidir sobre su cuerpo, a la igualdad en el empleo, los problemas dejan de verse como cuestiones privadas, las demandas se vuelven políticas y el Estado pasa a tener una responsabilidad activa. Han habido cambios muy importantes que nos benefician a las mujeres y puede dar bases para empezar a modificar las relaciones de subordinación.

De todos modos, esto no es tan sencillo ya que en el Estado hay relaciones de poder, intereses encontrados, y la subordinación de las mujeres sigue siendo útil para la reproducción del capitalismo, para las relaciones patriarcales. En este sentido, está bueno que el Estado se responsabilice, se haga cargo y modifique varias cuestiones, pero no podemos esperar que actúe automáticamente en beneficio de los derechos de las mujeres. Yo creo que uno de los problemas que hay es que la perspectiva de género es insertada a la fuerza, como un parche, y es necesaria una perspectiva de género desde el inicio de la planificación y de la política. Por ejemplo, el tema de la violencia de género,  no hay respuestas que funcionen, y no hay una respuesta de transformación de las relaciones de subordinación. Falta una visión que realmente busque una transformación de las relaciones desiguales de género y que combine la distribución de los recursos económicos y simbólicos, el reconocimiento de los derechos y la disminución de las brechas de desigualdad. Se nos reconocen derechos pero de manera fragmentada.

La perspectiva de género tiene que estar en todo, en la política, en la seguridad, en las relaciones internacionales, en todos lados. Por ejemplo, en cuanto al tema “seguridad”, cada tanto nos enteramos de casos de asesinatos pero cuántos casos hemos estado viendo en estos momentos de desaparición de mujeres y esto no es un tema de simple “seguridad o inseguridad”. Acá hay un tema de objetualización de los cuerpos de las mujeres, que muestra cómo nuestra sociedad, a través de los medios por ejemplo, habla de las mujeres, hay que ver qué está pasando en nuestra sociedad. Se necesita mirar las cosas desde otro lugar y esa es nuestra función como investigadoras en los diferentes grupos donde trabajo.

-    ¿Qué condiciones son necesarias para garantizar el respeto de los derechos de las mujeres en nuestro país?

Participación de las mujeres hay mucha. El movimiento de mujeres y el movimiento feminista tenemos una participación importante, que creo tiene que ver también con una revitalización de los movimientos sociales a partir de 2001, donde las mujeres, empezaron a incluir sus derechos y sus reivindicaciones en espacios más amplios. También están los encuentros de mujeres que se hacen todos los años, así como organizaciones más o menos grandes, autónomas partidariamente o dentro de los partidos políticos.

La cuestión es que del otro lado, generalmente el lado con más poder político, hay una resistencia muy grande a la modificación de las relaciones desiguales de género. Entonces, creo que se necesita una toma de conciencia por parte de los funcionarios a fin de entender que las problemáticas en las condiciones de las mujeres son estructurales, no son un agregado. La cuestión de género no se considera determinante en las diferentes problemáticas. Por ejemplo no es casualidad que la mayor parte de las personas que reciben planes sociales sean mujeres, la pobreza y el género están íntimamente relacionados y sin embargo las políticas sociales no tienen como objetivo real modificar las relaciones desiguales de género o atender la situación de desempleo de las mujeres, sino mejorar las condiciones económicas de los hogares donde hay niños/as en general

Pero también hay que preguntarse qué va a pasar con estas mujeres que vivieron toda su vida económicamente activa de los planes sociales y asignaciones que le correspondían a sus hijso/as; qué va a pasar con ellas cuando todos sus hijos/as cumplan 18 años. Si es mayor, sabemos que no va a conseguir trabajo, quedan condenadas a la exclusión y a la pobreza. Esto se solucionaría si la política se pensara para las mujeres directamente, que no esté determinada por la maternidad o por el empleo; sino considerar que las mujeres, por ser mujeres y por no acceder a ciertas cuestiones socioeconómicas quedan expuestas a una situación de vulnerabilidad y esa es la situación que hay que atender. Yo creo que la situación de las mujeres también tiene que ser un objetivo intrínseco de las políticas públicas y no un agregado o una variable demográfica.

-    ¿Qué aporte puede hacer esta publicación para el diseño de políticas públicas orientadas hacia las mujeres?

Quiero que mi libro sea un aporte para ver a las políticas de manera articulada y no de forma fragmentada: mujeres víctima por un lado, pobreza por otro. Me gustaría que sirva como un aporte para que al pensar políticas dirigidas a las mujeres se tomen en cuenta no sólo como una variable demográfica sino que hay muchas determinaciones que tienen que ver con que ese sujeto sea mujer, sea joven, madre, o lesbiana. Por ejemplo, las políticas de juventud se piensan en general, como dirigía a sujetos sexualmente neturos y no se piensa en que la situación de las mujeres no es la misma que la de los varones. Ni siquiera es la misma para todas las mujeres ni para todos los varones. 

Esta perspectiva tiene que estar desde el inicio de planificación misma, ya sea desde el mayor nivel de abstracción hasta el más bajo nivel de concreción.

Me ha llamado mucho la atención la llegada que ha tenido el libro porque traspasa lo académico. No sólo me lo han pedido desde organismos de gobierno o estudiantes, sino que también me han consultado desde organizaciones que trabajan en política. Ese ha sido el objetivo, romper el cerco de la academia y traspasarlo.  

 

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“La transformación de la situación de las mujeres también tiene que ser un objetivo intrínseco de las políticas públicas”

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"“La transformación de la situación de las mujeres también tiene que ser un objetivo intrínseco de las políticas públicas”". 02 de diciembre 2013 Fecha de consulta: 23/07/2017

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